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Comunidad lucha por cuidar el Humedal Tibabuyes
Comunidad lucha por cuidar el Humedal Tibabuyes

Comunidad lucha por cuidar el Humedal Tibabuyes

Habitantes de Suba y Engativá se unieron para proteger al humedal más grande de Bogotá.

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El humedal Tibabuyes es conocido por diferentes nombres, Juan Amarillo es uno de los más populares, no obstante Tibabuyes es su verdadero nombre, que en lengua Muysccubun significa “tierra de labradores”, denominación importante pues habla del significado cultural que tiene para las comunidades indígenas que todavía habitan en las localidades de Suba y de Engativá. 

Con seguridad, el humedal más grande de la ciudad, que tiene 222.5 hectáreas, no se ve hoy como en aquellas épocas en que los muiscas lo nombraron. Según la comunidad más de 20 mil toneladas de cemento y de caucho han cambiado para siempre uno de los espacios más biodiversos de la ciudad.

Las obras 
 

Durante el mandato del alcalde Enrique Peñalosa se adelantaron las obras que contemplan una variedad de canchas deportivas sintéticas, un puente elevado en el sector sur del humedal de 1,2 kilómetros, para conectar al barrio Lisboa en Suba con El Cortijo en Engativá, entre otras obras.

“Nos parece demasiado ilógico que supuestamente para descontaminar el río Bogotá desaparezcan una parte biológica muy importante de su valle de inundación y lo endurezcan para ampliar la planta de tratamiento residual y para poner una un parque metropolitano con escenarios de recreación activa”, sostiene Laura Peña, del colectivo Somos Uno. 

En respuesta a las múltiples obras que se adelantan la comunidad se ha organizado en grupos como Somos Uno, liderado por jóvenes que han nacido y crecido cerca al Tibabuyes. 

“Nosotros intentamos desde la localidad de Engativá evitar que las máquinas entraran a ciertas zonas, pero nos vimos reprimidos y afectados porque aquí mandaron el ESMAD”, cuenta Peña de la organización ciudadana Somos Uno.

De acuerdo con lo que aseguraron las fuentes ciudadanas consultadas, la participación no ha sido totalmente garantizada y sus solicitudes en diferentes instancias no han sido escuchadas. Aunque, según la Empresa de Acueducto y Alcantarillado se tuvieron cerca de 63 espacios de socialización con la comunidad. 

El campamento 
 

Desde el 20 de noviembre la comunidad montó un campamento para detener las obras que sigue instalado. 

“En el momento en el que nos tomamos el espacio, se cancelan las obras en ese perímetro y no ha habido ingreso de trabajadores ni movida de maquinaria”, asegura Laura Peña, integrante del Campamento por la Vida y el Territorio. 

Explica que actuaron porque; “sentimos la necesidad de hacer una visibilización más fuerte y unas exigencias más contundentes a la Alcaldía de Bogotá, al Acueducto de Bogotá por las obras ilegales que se van desarrollando dentro del humedal”, sostiene. 

“Hemos intentado acercarnos tanto al Ministerio Ambiente como la Alcaldía de Bogotá, al Acueducto, a la Procuraduría a la Contraloría, y no ha habido respuesta contundente con respecto a la detención de la obra”, afirma Peña sobre la falta de respuesta institucional en su búsqueda de responsables ante el grave daño ambiental. 

Promesas incumplidas

Con la llegada de Claudia López y el compromiso que firmó en el Pacto por los Humedales, parte de la comunidad esperaba que las obras no siguieran y aunque están detenidas, no han encontrado eco en la Administración.

Según la Empresa de Acueducto y Alcantarillado las obras deben seguir por el alto avance que registran, de un 83 %.

"El acueducto no  ha tenido nunca como la disposición real de suspender las obras. Pareciera como si el acueducto fuese quien tuviera la última palabra, y  la autoridad ambiental como que no toma cartas en el asunto porque se refugian en el tema contractual pero ellos tienen toda la competencia para que paren  y realizar las investigaciones necesarias para entender qué es lo que está pasando al interior del Acueducto", asevera  Lizeth Barinas delegada por Engativá en la Mesa Distrital de Humedales.

 

La comunidad ha aprendido en la marcha 

A medida que la comunidad se ha comprometido con el cuidado de este espacio, ha ido aprendiendo sobre su importancia en la estructura ecológica principal. 

“No sabíamos que estaba en riesgo, mejor dicho, nosotros no sabíamos nada. Me incluyo porque yo vivo en este barrio desde mis dos años”, cuenta Laura Peña de Somos Uno.

“Con herramientas como la educación ambiental que hemos ido desarrollando se puede iniciar la conservación, que es un camino de largo aliento, pero podemos dejar unos cimientos fuertes para el futuro”, dice Lizeth Barinas delegada por Engativá en la Mesa Distrital de Humedales.

Además de las labores de observación y exploración del extenso lugar, las comunidades realizan actividades culturales e incluso tienen una huerta en una de las zonas aledañas. 

La protección de esta zona ha unido a la comunidad y ha despertado el sentido de pertenencia por un lugar sagrado, que nos pertenece a todos. 

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