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Cerros piden protección
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Cerros piden protección

Organizaciones exigen más compromiso político con la zona verde más amplia de Bogotá.

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Un sentimiento. Esto es lo significan hace más de nueve años los Cerros Orientales para Andrés. Los comenzó a caminar por uno de sus senderos, a la altura de la quebrada La Vieja, en la localidad de Chapinero. Todo fue espontáneo: las caminatas, el amor por la montaña y los amigos que ese amor ha ido dejando. Los recorridos matutinos se fueron convirtiendo en algo demasiado serio a través de los años: desde el 2012 lidera la Asociación Amigos de la Montaña, que vela por la protección de la principal zona verde de Bogotá.

Andrés Plazas junto con su Asociación es solo un ejemplo de las cientos de organizaciones civiles en Bogotá que han surgido con el ánimo de ser protectoras de los cerros tutelares que, desde las zonas rurales de las localidades de Usaquén, Chapinero, Santa Fe, San Cristóbal, Usme y Sumapaz, atraviesan de norte a sur la capital.
Amigos de la Montaña ya cuenta con más de 5.000 voluntarios, los cuales hacen labores de vigías ambientales, charlas sobre la importancia de los cerros y siembra, además de ser caminantes. “Los cerros se han convertido en una excusa para integrarnos socialmente y ver cómo entre todos, independientemente del estrato, podemos mejorar nuestra calidad de vida”, comenta Andrés.

Estas organizaciones civiles quieren, según Andrés, que los ojos de la ciudad se vuelquen hacia los cerros y que las entidades del Distrito sumen más esfuerzos para recuperar la arteria ambiental de Bogotá. A esta reflexión se le suma Diana Wiesner, directora de la Fundación Cerros de Bogotá: “hay, desde lo institucional, una urgencia por realmente gerenciar los cerros. Hay 25 instituciones que tienen injerencia en ellos, esto evita que haya una coordinación en el tema”.

Y es que el llamado de estas organizaciones no es menor, pues el 75 % de Bogotá es rural versus un 23% que es urbana, según cifras de la Secretaría de Planeación. Ese 73% de ruralidad está atravesado precisamente por cuatro de las seis localidades que comprenden los cerros: Chapinero, San Cristobal, Santa Fe y Usme. Sin embargo, sus problemáticas no distan de los inconvenientes urbanos: “los problemas de los cerros son los mismos de la ciudad: construcciones ilegales, tanto de estrato bajo y alto. Esto ha desencadenado afectación ambiental, procesos erosivos y cambio de las coberturas vegetales nativas del ecosistema”, puntualiza la directora de la Fundación Cerros de Bogotá.
Para que los procesos de expansión urbana no afecten a los Cerros Orientales, justamente en julio del año pasado, el Consejo de Estado le puso freno a la explotación arenera de la constructora Palo Alto, argumentando que dichas explotaciones se estaban realizando en zonas de protección ambiental de los cerros.

Que los cerros sean una prioridad política es el llamado que hacen las organizaciones interesadas en ellos, además de una consciencia ciudadana que trascienda de ser caminantes usuales: “es importante que se dé un pacto entre todos. Tiene que haber un comportamiento distinto con la montaña”, comenta la directora Wiesner.  

Redacción Bogotá

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