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"Vivir cerca a una 'olla' es una bomba de tiempo"

Así lo describen los habitantes de sectores como María Paz, en la localidad de Kennedy.

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 “Estar cerca de un sitio de distribución de droga es una bomba de tiempo. Aquí prevalece la ley del silencio y si usted ve algo tiene que quedarse callado”, aseguró Pilar*, una ciudadana de la localidad de Kennedy que lleva más de 10 años viviendo y trabajando en el sector.

Y es que para los habitantes de esta zona ya es normal ver cómo los distribuidores de droga la reparten a jóvenes, habitantes de calle e incluso a mujeres. “Si voy caminando y veo eso de inmediato volteo a mirar para otro lado, toca hacerse el bobo”, dijeron ciudadanos afectados.

Aunque en agosto del año pasado la Policía de Bogotá realizó un operativo en el que desmanteló una banda que se dedicaba al microtráfico de estupefacientes en las zonas del Amparo, María Paz y Llano Grande, en Kennedy, aún hay presencia de personas que se dedican a la distribución, algunos lo hacen en moto o la venden dentro de casas que toman en arriendo, incluso utilizan la fachada de vendedores informales.

“En Kennedy cada barrio tiene una ‘olla’, combatimos una y más adelante sale otra. Todos los días hacemos capturas, a veces los cogemos dentro de este sitio o los agarramos saliendo. La Policía judicial diariamente hace allanamientos”, afirmó el comandante de la Policía de Kennedy, coronel Óscar Barón.

Sin embargo, Barón explicó que hacer un proceso judicial para dar con la captura de estos grupos que se dedican al tráfico de drogas tiene un procedimiento que puede durar varios meses, incluso hasta un año: “se hace inteligencia, tener pruebas suficientes para poder desarticular una ‘olla’. La complicación para hacer un proceso de allanamiento es mucha porque hay que justificarlo, con la sola denuncia de la comunidad no se puede hacer nada”, agregó el comandante de la localidad.

Con la presencia de las llamadas ‘ollas’ es notorio el deterioro urbanístico que tiene la ciudad, pero para Fabio Zambrano, profesor de la Universidad Nacional, “los lugares de consumo tienen una afectación al vecindario porque va acompañado de una actividad delictiva, tanto por la seguridad de quien administra el sitio como para el que la compra. En ocasiones el consumidor no tiene dinero para la droga y terminan robando a los vecinos. Es un cáncer urbano que va sucediendo en ciertos sectores de la ciudad”.

A pesar de que los cruces de disparos, hurtos y riñas es el diario vivir de los vecinos de dichos sectores, el miedo sucumbe continuamente. “Vivir al lado de una ‘olla’ sea en Kennedy o en otro lugar es vivir en un campo minado. Cualquier comportamiento que despierte sospecha de los dueños de estos expendios o de las personas que acuden, puede terminar en un tiroteo”, explicó Jairo Libreros, experto en seguridad de la Universidad Externado.

Si bien el desmantelamiento de estos expendios es un procedimiento necesario y urgente que necesita la ciudadanía, “si no hay un trabajo de justicia consistente en la destrucción de las bandas criminales, difícilmente esta situación va a cambiar porque a ellos les cierran una ‘olla’ y de inmediato ubican otra casa u otro sector y siguen con el negocio. Si nos dedicamos solo a desmantelar expendios, pero no logramos judicializar a los integrantes esto se puede convertir en una constante”, puntualizó Libreros.

*Nombre usado para proteger la identidad de la fuente.

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