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La familia campeona celebró con “su niña”

- | 11/08/12
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Los entrenadores de varias disciplinas deportivas tendrán asegurados sus recursos.
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La familia de Mariana Pajón acompañó a la medallista durante toda la feliz jornada del viernes.

A 20 metros de la meta, en la tribuna principal de la pista de bicicrós de los Juegos Olímpicos de Londres-2012, estaba la familia de Mariana Pajón. CarlosMario, su papá, Claudia, la mamá y Daniel, el hermano menor de la medallista de oro. Solo faltó Miguel, que desde Australia siguió por Internet lo que pasaba.

El que más celebró fue el papá. Doña Claudia, más calmada, no se cansaba de enviarle besos a la pequeña, mientras Daniel abrazaba a su papá.

“Es para toda Colombia. Vinimos porque creíamos en ella y porque era la oportunidad más grande de nuestras vidas de verla consagrarse en el deporte”, dijo el papá, envuelto en la bandera colombiana.

Para ellos, el tiempo se paralizó en las tres válidas semifinales y en la final. Pasaron 38 segundos en cada carrera, pero para la familia el reloj se paraba.

“La pude abrazar dos horas después de su triunfo. Lloré como una niña y me acordé de cuando ella se caía en los entrenamientos y lloraba”, declaró Claudia.

CarlosMario, Claudia y Daniel no perdieron la venida a Londres. Cuando empacaron las maletas en Medellín no dudaron un instante que Mariana les daría una felicidad, la más grande que han vivido.

Oraciones por Mariana

"Ave María Auxiliadora, te la entrego, no me la dejes caer y que gane". Esta oración la repitió doña Lilian Ángel de Londoño, abuela de Mariana Pajón, durante los 37.706 segundos que tardó la paisa para ganar la de oro.

Doña Lilian no despegaba los ojos del televisor al igual que tías, primos, vecinos, periodistas y todo aquel que se quiso pegar a la fiesta de la familia Pajón en el salón social de la unidad residencial del barrio El Poblado de Medellín donde vive la campeona.

Allí, desde las 6:00 a.m., tíos y amigos de Mariana estaban listos. Cuando ganó, un salto de emoción invadió el salón social y las lágrimas no se hicieron esperar. Y cuando apareció la medalla de oro y el himno nacional, todos lo entonaron con gran emoción.

"Ella es muy juiciosa. Se lo merece", concluyó doña Lilian entre risas.

LISANDRO RENGIFO
Enviado especial Londres

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