Jueves 25 de diciembre de 2014
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PERDIDA LA INOCENCIA

- 20/09/12
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Somos un país de vivos. Si, a pesar de las muertes diarias, somos un país de vivos...

Somos un país de vivos. Si, a pesar de las muertes diarias, somo un país de vivos. Estamos hechos, predispuestos para la trampa. Por una extraña mezcla genética, siempre sabemos más que los demás, siempre llegamos más rápido que los demás, siempre gastamos menos que los demás, siempre vivimos mejor que los demás, siempre nos gozamos a los demás,siempre trabajamos menos que los demás. Un país de vivos.

 

Desde pequeños nuestra cultura nos  ha empujado  a sacar ventaja de los demás. En los colegios somos capaces de cambiar un roscón mordido y baboseado por un reluciente blackberry, o dejar mascar por media hora un chicle americano a cambio de un fulgurante carro de pilas. Ya mayorcitos, dejamos que los niños de kinder y de primero sean nuestros amigos, a cambio, claro está, de las onces que con tanto amor envía mamá. La de ellos, por supuesto. Adolescente que se respete ha robado algo en el supermercado de la esquina. Dulces, cuentos, chocolates y cualquier otro adminículo que quepa en los bolsillos hacen parte del “botín delictivo”

En la Universidad siempre habrá alguien que nos deje copiar, alguien que haga el trabajo por nosotros, alguien a quien robarle las fotocopias, alguien a quien “ gorriarle” un tinto. Y qué decir de las fiestas, no de esas a las que nos invitan y en las que por supuesto abusamos, sino de  aquellas a las que sin el menor asomo de pena nos colamos, nos bebemos hasta el agua de los floreros, tragamos como marranos, nos amacizamos a la dueña de la fiesta y de las que no nos saca sino el repartidor de periódico al otro día. Eso para no hablar de cocteles y recepciones a las que nos hacemos invitar y en las que hablamos de los más diversos temas con mayor propiedad que los expertos .

 

Un país de vivos, o si no basta mirar lo que pasa en el transporte público. No hay vía de doble carril en el país, que  no se convierta por obra y gracia de un vivo en autopistas de tres y hasta cuatro carriles. Los semáforos en amarillo siempre estarán en verde. Bus, buseta, flota y carro de escolta siempre tendrán la vía. Nos venden la gasolina con agua, los mecánicos arreglan una cosa y dañan veinte, nos colamos por la puerta de atrás de los buses, buscamos la forma de tumbar a uno de los veinte vendedores  ambulantes que se suben en nuestro recorrido,nos saltamos el torniquete de Transmilenio. En fin, un país de vivos.

 

Le echamos agua a la leche,  reproducimos las marcas exitosas, copiamos concursos, deseamos y correteamos a la mujer del projimo,simulamos penaties, inventamos enfermedades, nos saltamos las normas, nos pasamos la ley por la faja, le inyectamos agua a las naranjas, eso para no hablar de contratos, licitaciones estatales, “mordidas” bajo la mesa, desfalcos, etc,etc.etc

 

Sin embargo, en un país de vivos, siempre habrá otro más vivo que nosotros. Es entonces cuando nos quejamos de vivir en un país de vivos.